Raya Vino con Misión (Y Yo Lo Sé)
Share
Hay algo que me pasa cada vez que miro a Raya.
Me da como un susto bonito.
Porque es yo. Pero en versión tres añitos.
Los mismos ojos intensos que miran como si estuvieran leyendo el alma. La misma manera de molestarse cuando algo no le cuadra. La misma energía de “yo sé lo que estoy haciendo, aunque ustedes piensen que no”.
Y eso no es casualidad.
Cuando salen niños así — inteligentes, amorosos, sensibles pero con carácter fuerte — yo no lo veo como “ay qué linda”. Yo lo siento profundo. Ese niño no vino random. Ese niño vino con propósito.
Y si te digo algo que todavía me eriza la piel… Raya ni siquiera “iba a nacer”. Ella nació porque ella quiso. Porque su alma dijo: yo voy para allá, yo tengo algo que hacer.
Eso me cambia todo.
Porque yo siempre he sentido que vine a cambiar algo. No sé si el mundo completo, pero sí mi mundo. Sí mi entorno. Sí las reglas que me tocaron. Yo vine a romper moldes, a hacer ruido, a crear algo distinto. Y verla a ella tan igualita a mí me hace pensar… maybe ella es parte de la misión.
Maybe todo lo que estoy viviendo, todo lo que estoy construyendo, todo lo que estoy aprendiendo a las malas… también es para abrirle camino a ella.
Hay algo poderoso en ver tu reflejo en un niño.
Te obliga a verte con más compasión.
Te obliga a sanar más rápido.
Te obliga a crecer.
La amo.
Aunque no sé cuidar niños.
Aunque me da ansiedad pensar que se me puede hacer encima y yo me quede en blanco.
Estoy literalmente esperando que aprenda a limpiarse el culo sola para entonces decir: “ok, ahora sí, tía certificada.”
Pero más allá del chiste, hay algo real aquí.
Raya vino grande.
Y si se parece a mí, no vino a pasar desapercibida.
Y si yo vine a cambiar el mundo…
maybe ella vino a expandirlo.
Y eso, honestamente, me hace feliz.